Bochornoso: SERRANO GASTA UN MILLÓN DE EUROS EN MONTARSE SU “DESPACHO OVAL”

Amanecíamos el lunes con una noticia que, pese al bochorno que provoca, no nos ha sorprendido nada: Serrano trasladará al barrio de Salamanca la sede de Correos Y SE RESERVA LA MITAD DEL PRESUPUESTO DE OBRAS PARA SU PLANTA NOBLE. Incluirá un presupuesto de remodelación del edificio de 2 millones de euros, de los que más de la mitad se destinarán a acondicionar la cuarta planta, donde se instalará el presidente” (El Mundo). No, no es una broma, ni estamos a 28 de diciembre, ni estamos hablando de un Faraón. Estamos hablando de un señor que representa a una institución -Correos- apreciada por los españoles/as, entre otras cosas, por sus valores inherentes a una historia tricentenaria de servicio a la sociedad.

Y siendo cierto que el “señor” Serrano ya no sorprende a nadie con historias como esta de hacerse un despacho Oval con el que alimentar la megalomanía que demuestra cada vez que tiene ocasión, el problema radica en que estamos ante un señor que se gastó un pastón recientemente, el 12 de Octubre, en una campaña publicitaria tan irreal como delirante, basada en el lema «orgullo de lo nuestro» cuando todos los que han conocido a Serrano en su etapa postal saben que la traducción del anuncio era realmente «Orgullo de lo mío»Estamos hablando de alguien que desde que llegó a Correos se ha dedicado a vender humo publicitario a mayor gloria personal y a anunciar ocurrencias revestidas de proyectos de cartón piedra, cuya eficacia en términos de rentabilidad es nula. Retamos al señor Serrano a que ponga encima de la mesa, uno a uno, todos los proyectos publicitados a partir de un oportunismo político bochornoso, con la rentabilidad obtenida y aplicada a la cuenta de resultados por un lado y el coste publicitario por otro.

Hablamos de un personaje que desde que llegó no ha perdido ocasión de despreciar lo postal y a los postalones bajo la premisa de que él es una suerte de iluminado Cristóbal Colón llamado a redescubrir el nuevo mundo (según él) de la logística del Siglo XXI (como si Correos no hubiera tenido desde que se creó, entre otras redes, una red logística). Según el nuevo Colón logístico, nadie (de los postalones) había hecho nada en los últimos 20 años por adaptarse a las evoluciones habidas en el Sector Postal. Es decir, que además de la megalomanía y sus más que notorias insuficiencias de perfil ad hoc, de formación técnica acorde al puesto y de conocimientos mínimos sobre el Sector Postal, el nuevo iluminado almirante genovés Serrano está aquejado de un adanismo de manual.

La cuestión está en que, este gestor publico advenedizo, designado por criterios dudosamente políticos (nombrar a alguien para un puesto como premio de consolación no puede considerarse un acto político sino caritativo), no estaba hace dos años ni menos ahora al nivel

que se requiere para liderar una empresa pública y un operador del servicio postal universal, de naturaleza compleja como lo son todos los Correos en el mundo. Correos ha resistido satisfactoriamente, a pesar de los altibajos económicos del país, los embates de los cambios tecnológicos, de la demanda y de los propios procesos de transformación impulsados desde dentro y las crisis desde hace años, pero es dudoso que la compañía postal pueda soportar la dirección de alguien que, además de su incapacidad para entender que reformar no es desguazar, resulta ser un personaje obsesionado por demostrar que alguien se equivocó desheredándole del paraíso de la Moncloa.

A estas alturas ya se puede decir que es inaceptable que, previo impulso Ministerial, se nombrara en Correos a una persona de perfil diametralmente opuesto a lo que Correos necesitaba, en el que, en general y de buena fe, con la llegada de un gobierno progresista, todos los postalones habían depositado sus esperanzas de impulsar un cambio. Yendo a lo concreto, lo que está pasando en Correos es una vergüenza, es bochornoso y de una desfachatez descomunal. Cualquiera que se acerque a la realidad actual de la empresa pública verá las condiciones de trabajo en la mayoría de las oficinas, carterías y pabellones postales. No es solo el estado de las instalaciones, es el hacinamiento intolerable con el que se trabaja en la época de la Covid. Y la desvergüenza es que esto le importa un pepino al señor Serrano, más preocupado por acondicionar faraónicamente su despacho en el traslado de la sede.

Es comprensible que lo saquen de quicio las críticas de CCOO y UGT y de los “trasnochados” postalones que no acaban de entender por qué ha defendido el recorte de la financiación pública del SPU (los ridículos 111 millones del proyecto de Ley de PGE-21, los 128 inaceptables con que se quiere financiar su Plan de Prestación) y por qué no defendió la inclusión del SPU en el Real Decreto de Alarma del 15 de marzo en plena pandemia; por qué se trasvasa la actividad a Correos Express mientras se recorta plantilla en la matriz Correos; o por qué el amiguismo que tanto se critica a la derecha se ha instalado en los nombramientos de los directivos de la compañía.

Por ello no nos sorprendía la noticia publicada en los medios sobre el mega-despacho del presidenteEl nuevo Amancio Ortega español, al que no le bastaba el moderno Centro Directivo actual, necesita una Sede Central a la medida de su ego. Aunque para ello tenga que vaciar el edificio actual (1.400 trabajadores/as) utilizando la excusa del ahorro (hay necesidades de ahorro más perentorias), del teletrabajo que no negocia (solo quiere enviar a casa al personal para que luego no tengan vuelta, con lo que conlleve de despidos o movilidad a otros puestos en Madrid capital); aunque tenga que desplazar sin necesidad a cientos de trabajadores/as al centro de Madrid; aunque tenga que hacerlo de tapadillo para no negociar lo que es una movilidad geográfica de libro (y que acabará en los tribunales).

Los postalones no acabamos de entender que aquí lo importante es lo importante, es decir, su despacho, su autobombo millonario y satisfacer su ego venido a más. Aunque a la empresa le salgan los paquetes por las ventanas por la falta de plantilla y tengamos que asumir su lema de “contagios por negocio”; aunque estemos viviendo un caos sin precedentes en la gestión; aunque sus decisiones estén poniendo en riesgo la viabilidad a medio plazo el servicio público postal de este país y el de la empresa que lo presta, Correos, hasta 2025, al menos.

La última ocurrencia del nuevo Faraón de Correos seria hasta cómica y atractiva para la revista Holasi la cosa no fuera tan seria para los y las 55.000 trabajadores/as (de momento) que viven de esta “cosa” que se llama Correos y que para SERRANO es el instrumento para vengarse de quienes le desheredaron de la Moncloa.

CCOO y UGT no están para jalear las fantasías del señor Serrano. Estamos donde toca, donde siempre. Donde estábamos cuando él conducía el coche de Pedro Sánchez y aún no tenía delirios de grandeza, ni obsesiones por fumigar a profesionales postalones o a sindicatos que no le bailan el agua ni le hacen la ola.

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